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Las PyMEs y el empirismo




El empirismo administrativo lleva a los empresarios a tomar decisiones inadecuadas basadas en el sentido común, lo que impide el crecimiento de las PyMEs.

Por: MBA Héctor Valencia Morales, profesor de posgrado de la EBC y director de ASN Consultoría.

México es un país en vías de desarrollo. Desde el punto de vista económico, esto se sustenta en el hecho de que más del 87% del sector empresarial se encuentra representado por pequeñas y medianas empresas (PyMEs).

En el mundo, el desarrollo económico se logra en la medida en que la actividad empresarial crece: las pequeñas empresas pasan a ser medianas, y éstas, a grandes. Con ello se genera empleo y a su vez consumo, además de que aumenta la tributación y la entrada de divisas. Por ello, el sector empresarial de un país es la plataforma para su desarrollo económico.

Las PyMEs son la apuesta para el desarrollo de nuestro México, así que es fácil entender que en la pasada convención bancaria, tanto el gobernador del Banco de México como el secretario de Hacienda hayan incitado a los banqueros a impulsarlas. Pero ésta no es una novedad: la banca ya ha intentado financiarlas y el gobierno ha instrumentado programas de apoyo financiero para ellas. Pese a ello, no se ha avanzado en el desarrollo de las mismas.

Entonces debe haber otras razones que impidan el desarrollo de las empresas en México, razones que justifiquen la existencia de empresas que llevan más de 30 años siendo PyMEs sin muestras de crecimiento.

Desde hace más de 20 años, el autor del presente artículo ofrece sus servicios de consultoría a las PyMEs, y con base en tal experiencia afirma que la razón de fondo que explica su falta de crecimiento es el empirismo.

Desde los comienzos de una empresa, se requieren conocimientos técnicos profesionales en áreas como finanzas, mercadotecnia, recursos humanos, etc. En una palabra, una empresa requiere administración, lo cual se subestima en muchas ocasiones; sin embargo en nuestro país, la cultura empresarial parte de un paradigma popular mexicano: “el que tenga tienda que la atienda”.

Pero aunque el empresario atienda su negocio, no lo administra verdaderamente: generalmente se trata de alguien que lo conoce plenamente y sabe cómo funciona, lo cual resulta fundamental, pero no necesariamente sabe analizar el mercado, definir la tasa de rendimiento mínima o reclutar personal, entre otras cosas.

En muchas ocasiones, la administración de la PyME recae en el dueño, que no cuenta con ningún conocimiento al respecto, pues su experiencia es empírica, lo cual da como resultado tendencias y patrones muy repetitivos en este sector, por ejemplo: “empresario rico, empresa pobre”, en que el principal objetivo es evitar el pago de impuestos aunque esto implique pérdidas.

Además, al evitar el pago de impuestos, la información financiera no muestra la realidad del negocio, por lo que se vuelve imposible basarse en ella para tomar decisiones, ya sin mencionar que cuando las empresas solicitan algún crédito, los bancos lo niegan porque su información es insuficiente o, en el mejor de los casos, piden garantías exageradas con las que generalmente no cuentan.

El empirismo administrativo lleva a los empresarios a tomar decisiones inadecuadas basadas en el sentido común, de tal suerte que encontramos:

  • Empresarios que creen que rentar es tirar el dinero a la basura, sin comprender el concepto de la productividad del dinero.
  • Empresas sobreinventariadas porque el dueño quiso aprovechar una oferta del proveedor, sin darse cuenta de que afectaba la liquidez de su negocio y con ello frenaba la operación.
  • Empresarios en cuya opinión un negocio es bueno porque vende mucho, sin conocer el concepto de rentabilidad.
  • Empresas que por vender a grandes clientes y grandes volúmenes pagan costos financieros excesivos para soportar su cartera de clientes que, en muchos casos, ni siquiera les genera un margen de utilidad suficiente.
  • Empresarios que califican a un contador a partir de la cantidad de impuestos que paga la empresa, sin saber que su función verdadera es producir información veraz, oportuna y confiable.
  • PyMEs que corren riesgos laborales y fiscales excesivos por abaratar su operación o tener “ahorros” mal infundados.
  • Empresarios que sienten el IVA como un costo y les duele pagarlo, sin comprender que es un impuesto inocuo para su negocio.

Si no somos dentistas, no nos aventuramos a curar una muela; si no somos médicos, no osamos recetar un medicamento; si no somos ingenieros civiles, no intentamos calcular la cimentación de un edificio. En cambio, muchas personas se arriesgan a administrar una empresa, lo cual muestra la falta de conciencia que existe en nuestro país, pues también se estudia para ello.

  • Licenciatura en Administración (4 años)
  • Especialidad en Alta Dirección (1 año)
  • Maestría en Administración de Negocios (2 años)
  • Doctorado en Ciencias de la Administración (3 años)

Se requieren 10 años de conocimientos para formar y sustentar un criterio técnico en que se pueda fundamentar una toma de decisiones adecuada, lo cual es muy necesario en las PyMEs porque la adversidad y problemática son mucho mayores que en los grandes consorcios. Pero piénsalo: ¿cuántos de los empresarios que conoces tienen conocimientos reales de administración y cuántos se han formado en la experiencia?

Si a lo anterior agregamos el hecho de que vivimos en un mundo globalizado y sumamente competitivo que obliga a las empresas a crecer, capitalizándose y cimentándose con firmeza, el empirismo se convierte en el talón de Aquiles de las PyMEs.

Es necesario comprender que sin importar qué tan pequeñas sean las empresas, requieren a una persona capacitada al frente de su timón, y que el 50% del éxito en un negocio depende del conocimiento del giro y las ventas, pero el otro 50% requiere de una administración adecuada.

Cuando el empresario comprenda que su mejor inversión es reconocer sus propias capacidades y rodearse de gente que se especialice en cada área de la empresa y que le ayude a construir una estructura profesional, entonces las PyMEs entrarán en esa curva de desarrollo en donde en un plazo de 10 años deberán convertirse en grandes empresas, lo cual a su vez desarrollará por fin la economía mexicana.