La SAPI como vehículo de inversión

Por Lic. en Derecho José Díaz Cuadra.

Fomentar la sana competencia permite establecer acuerdos entre las sociedades mercantiles, sus accionistas entre otros aspectos de suma importancia para el desarrollo de las empresas. Lo revisamos a detalle.

Antecedentes

El 30 de diciembre de 2005 se publicó por decreto del entonces presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, el licenciado Vicente Fox Quesada, la Ley del Mercado de Valores (LMV), cuyos objetivos, entre otros, son desarrollar el mercado de valores en forma equitativa, eficiente y transparente; proteger los intereses del público inversionista; minimizar el riesgo sistémico; así como fomentar una sana competencia.

El tópico en el que nos concentraremos en este artículo, es precisamente,  el que se refiere a fomentar una sana competencia, ya que entre particulares, existían limitantes cuando, como socios de una sociedad capitalista, se querían diferenciar los derechos corporativos de los derechos patrimoniales, y fue precisamente la LMV en su artículo 16 fracción vi, la que resultó una práctica solución en la que se les permite establecer acuerdos entre ellos.

Los convenios entre socios

Si bien actualmente las modificaciones que se realizaron a la Ley General de Sociedades Mercantiles (LSM) son consistentes entre su artículo 198 y la referida fracción vi del Artículo 16 de la LMV, conviene destacar el alcance que puede tenerse en acuerdos entre accionistas, al permitir la emisión de acciones que, entre otras cosas:

i) Otorguen derechos sociales no económicos distintos al derecho de voto o exclusivamente el derecho de voto.

ii) Limiten o amplíen el reparto de utilidades u otros derechos económicos especiales, en excepción al 17 de la LGSM.

iii) Confieran el derecho de veto o requieran del voto favorable de uno o más accionistas, con respecto a las resoluciones de la asamblea general de accionistas.

Esto permite la incorporación de diversos socios con intereses que, si bien están orientados al crecimiento y fines de lucro de la sociedad, son distintos en cuanto a la aportación patrimonial, operativa, estratégica y cualquier otro que un socio pueda tener, incluido el nombramiento de quien los represente ante la administración de la sociedad, es decir, ante el consejo de administración.

Lo anterior nos permite entender que, entre los diversos “tipos” de socios que se constituyen legalmente con base en clases y series de acciones, son los socios inversionistas, quienes solamente se ocupan del retorno de su inversión a través de una expectativa establecida en una Tasa Interna de Retorno (TIR) que no es más que una “tasa de interés” traducida en el porcentaje de beneficio o pérdida que tendrá la inversión para la sociedad; en este sentido, la óptica es “invertir en un proyecto”.

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