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Financiamiento a través de la depreciación de activos




Por: C.P.C. Juan Fernando Basaldúa Mayr, Integrante de la Comisión de Apoyo al Ejercicio Independiente del Colegio de Contadores Públicos de México, A.C.

Correo: relacionespublicas@colegiocpmexico.org.mx

Todo activo sirve para producir beneficios presentes y futuros, consecuentemente, los ejecutivos en finanzas deben prevenirse de no acumular activos que no sean productivos; desde una cuenta por cobrar hasta un intangible, que probablemente puede no producir algo. Los activos fijos, como otros activos, son la parte invertida más cara en los negocios dado que se puede tratar de un inmueble destinado para una planta de producción, una o varias máquinas, equipo de transporte y/o equipo de cómputo. Todos estos activos fijos son activos que deben ser rentables, de lo contrario afectarían adversamente con una gran pérdida por posible deterioro, al no generar flujos de efectivo suficientes comparados con su inversión y su mantenimiento.

Existe un gasto que afecta sistemáticamente al valor de los activos fijos, para lograr una utilidad entre su inversión y su generación de flujos de efectivo, a ésta se le llama depreciación, que no es más que una distribución sistemática y razonable del monto depreciable de un componente a lo largo de su vida útil; dicha definición se determina por quienes regulan las normas nacionales e internacionales, como: “El Consejo Mexicano de Normas de Información Financiera” conocido más por sus siglas CINIF en nuestro país; que coincide con las revisiones hechas por: “El International Accounting Standards Board” (IASB) de Londres, encargado de revisar y preparar Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), también conocidas por sus siglas en inglés IFRS.

Los gastos de depreciación deberían recuperarse de los ingresos que genera el activo en su vida útil. Mientras que la depreciación se carga a gastos por causas que disminuyen el valor del activo, al activo fijo que no esté en funcionamiento, no se le pueden medir sus beneficios, dado que no los tiene y por lo tanto no podríamos justificar su gasto por depreciación.

La depreciación tiene diferentes causas o factores y también diferentes comportamientos a través del tiempo de uso del activo; esto dependerá del tipo de activo, de su buen o mal uso, mercado, tecnología y también de su mantenimiento. Entonces, podríamos citar que existen muchos activos que tienen un comportamiento en condiciones de uso normales de manera uniforme y rectilínea, como puede ser el mobiliario y equipo de oficina, otros, como la maquinaria para la industria que utiliza software, pueden tener un comportamiento de depreciación exponencial con graves pérdidas al inicio y posteriormente un comportamiento estacional. Todo esto debe prevenirse para que el ejecutivo en finanzas conozca, desde su adquisición, el posible comportamiento que tendrá el activo fijo en el negocio, dado su potencial uso y desgaste o cualquier factor ya comentado.

¿Qué pasa con la recuperación del valor del activo fijo? La depreciación simplemente debe interpretarse financieramente como un ahorro, por ser un gasto sin salida, pues disminuye la utilidad de una empresa, generando una supuesta provisión, dado que no alarga el pasivo pero sí reduce la inversión del activo. Este cargo a resultados debe ser el importe bruto o neto, antes o después del valor residual del activo y sirve para reemplazar el componente o todo el activo que está demeritando su valor por diversos factores previamente comentados.

Seleccionar el método más conveniente de depreciación, significa que ese gasto coincide con la pérdida real del valor del activo, que está siendo disminuida en el mismo y que debe reponerse por su componente o adición para recuperar dicha pérdida; o simplemente con el uso del activo, recuperar la pérdida a través de los flujos de efectivo generados por él. Si un activo se compra y tiene una depreciación acelerada al inicio (exponencial) y no genera los suficientes flujos de efectivo, fue una errónea compra de activo o un mal uso del mismo, que podría contraer una pérdida mayor conocida como deterioro.

Por lo anterior, los ejecutivos en finanzas deben vigilar que el método de depreciación sea el más adecuado al tipo de activo y a su uso, además de verificar si realmente la depreciación es un financiamiento o no.

Existe un método de depreciación denominado fondo de amortización, se refiere a que la depreciación anual debe ser la cantidad a depositar en el fondo con periodos convencionales y éste genere intereses en el monto final en un determinado tiempo, que debe ser igual al valor de reemplazo; esto es:

  • Notación D = (C – S) ( A/F,i%,n).
  • Donde “D” es la cantidad a depositar igual a la depreciación; “i” son los intereses generados y “n” el tiempo en años determinado.
  • C= al costo inicial del activo.
  • S = al valor de salvamento o valor residual final.
  • A/F, i%, n = es la nomenclatura que se interpreta como amortización del fondo, interés y años.

Como conclusión, la depreciación debe considerarse como un ahorro y a su vez un financiamiento, que además, deba invertirse en un instrumento de bajo riesgo que garantice la reposición del activo, componente del activo o simplemente la mejora del mismo; Por lo tanto, el ejecutivo en finanzas tendrá una labor de análisis interesante que coadyuve a la identificación de la mejor selección del método a depreciar, cumpliendo lo antes comentado.

*Artículo publicado el día 22 de octubre en el periódico Excélsior, sección Dinero.