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Análisis: Qué sigue después de las reformas estructurales en México




Por: Rosa Martha Loria San Martín.

Las reformas estructurales son un hecho consumado para el Poder Legislativo, pero aún existen cuestionamientos importantes: ¿Cómo se pondrán en marcha?, ¿hacia dónde vamos con estas reformas?, ¿cómo beneficiarán a los mexicanos?, ¿queremos o queríamos reformas?

La actual administración del presidente Enrique Peña Nieto emprendió el camino hacia las reformas estructurales, las cuales prometen ser transformadoras y profundas para potenciar el crecimiento económico, aumentar la productividad y reducir la pobreza en nuestro país; estiman incrementar la economía hasta en un 5.3 % para 2018 y para el 2014 las proyecciones de crecimiento del PIB mexicano fueron de alrededor del 3 % anual y con ello, incrementar el atractivo de nuestro país como destino de inversión.

Todo indica que el Congreso ha logrado librar los obstáculos que entorpecían los avances en la promulgación de las leyes secundarias, necesarias para el logro y consecución de estas reformas estructurales. Evidentemente, el camino no ha sido fácil, se han venido dando en medio de grandes debates; tal es el caso del tema energético que conllevó a más de 27 cambios en las leyes existentes y la creación de 5 leyes nuevas; o bien, los debates relacionados con las telecomunicaciones, que aún no logran acomodarse en su totalidad y el respectivo a la Reforma Político-Electoral, con la creación del nuevo Instituto Nacional Electoral. No podemos dejar de lado el tema relacionado a la Reforma Hacendaria y a la Ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria, cuyo principal reto es el fortalecimiento macro económico del país, ya que no sólo pretende una etapa de mayor crecimiento en la economía, sino que también busca fortalecer los ingresos públicos y otorgar mayor flexibilidad a la política fiscal, pero hay quienes opinan que la consecución será totalmente contraria.

Existen otros factores dependientes a este prometedor crecimiento económico como lo son la producción y la productividad, entendiéndose esto como la interacción que se debe dar entre la fuerza laboral, el capital y la producción de bienes y servicios; recordemos que siempre habrá mayor productividad en una economía cuando, sin necesidad de aumentar la fuerza laboral o el capital, se logran mayores tasas de crecimiento por la inclusión de insumos eficientes.

Es dicho que cada reforma laboral, educativa, de telecomunicaciones y competencia económica, así como hacendaria, social, financiera y energética, tendrá como principal objetivo acelerar el crecimiento económico de México de forma sostenida a través de la productividad, la inversión y el fomento de un mayor empleo formal en beneficio directo de las familias mexicanas. Lo que se convierte en un proverbio especialmente importante por la necesidad imperiosa que tenemos los mexicanos de gozar de los beneficios de una economía más dinámica y productiva.

A groso modo describimos que la Reforma Laboral busca flexibilizar el mercado y posibilitar que más mexicanos puedan incorporarse a la actividad formal y productiva; mientras que la Reforma Educativa, asegura calidad en el sector para poder incorporar a los ciudadanos a un mercado laboral cada vez más competitivo. Por su parte, la Reforma en Telecomunicaciones y Competencia Económica están dispuestas para promover la competencia y garantizar el acceso a distintos productos y servicios con precios más accesibles.

La Reforma Hacendaria da un carácter progresivo en el régimen fiscal, en el cual contribuirán con un mayor pago de impuestos quienes están en capacidad de hacerlo, buscando con ello contar con mayores capacidades económicas para generar beneficios, en especial para quienes menos tienen, al garantizar un uso de los recursos eficiente y con transparencia. En tanto que la Reforma Financiera marca un paso importante al fomentar la competencia en el sector bancario, ofreciendo mayor certidumbre jurídica, flexibilizar los criterios de la banca de desarrollo, convirtiéndose en una herramienta efectiva para el desarrollo integral de la nación.

La reforma constitucional en materia energética busca fortalecer y generar un sector más competitivo y eficiente, de participación internacional, pero con dominio y dirección nacional, para acelerar el desarrollo en el sector y contar con energéticos a menor costo.

En general y a manera de un círculo beneficioso, estas reformas se establecen con el fin de que promuevan a mediano y largo plazo mayores recursos para el desarrollo de empresas productivas, buscando que éstas generen mayores y mejores empleos de calidad, con trabajadores más preparados y por ende, tener un crecimiento más sostenido a futuro.

Pero, ¿cuál es el enfoque de los mexicanos?, ¿hasta dónde se contará con su participación? Pensemos en 2 vertientes como consecuencia de las disposiciones establecidas en dichas reformas. Una primera relacionada con las leyes secundarias, reglamentos y demás medidas regulatorias que deben establecerse sin olvidar el objetivo principal, a fin de que no sean estas mismas las que entorpezcan el camino de su ejecución, que sean flexibles ante la participación del Estado, los mercados y la sociedad civil en general, que consiguientemente proyecten programas prometedores, adecuados y eficientes. Es decir, no generar en este ámbito legislativo normas adaptadas para favorecer sólo a algunos sectores, promoviendo la inequidad y desventaja en otros.

Otra vertiente sería la económica. Un primer acercamiento en este sentido es la aprobación del paquete económico de 2015 por parte del Poder Legislativo, en el que se deberán plasmar, a diferencia de ejercicios anteriores, objetivos y metas claras en este sentido y a favor de la consecución de los propósitos reales pretendidos en estas reformas, con recursos etiquetados a acciones concretas a ello y no a necesidades particulares y electorales.

Luego entonces, concluiríamos que para que exista un futuro próspero para los mexicanos en relación al éxito de desarrollo y productividad que prometen las reformas, debe existir además un sentido de solidaridad como principio ordenador que inspire las normas consecuentes a estas reformas hacia la accesibilidad y atienda las necesidades y realidades actuales del país y sus ciudadanos. Hay quien opina que esto no será posible.

¿Usted es de los que considera que las reformas pueden tener una consecución exitosa o no?

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